¿Cuántas veces en nuestras conversaciones, cuando nos juntamos para echar un rato de charla, tomar una cervecita o un cafelito, etc., hablamos de lo que nos molesta, de otras personas que nos han fastidiado, o criticamos el gobierno o «la gente» que hace las cosas mal, en vez de poner nuestra atención en el mundo que deseamos y en la «gente» que queremos tener alrededor?

A mí personalmente nunca me ha gustado hablar de otras personas, ni andar criticando. No obstante, yo igualmente peco a veces de hacer comentarios de cosas que me indignan o que me han molestado. Y me veo a menudo inmersa en conversaciones largas en las que vamos profundizando en el mal de esta sociedad, en la gente que no hace las cosas bien, desde vecinos, conocidos, políticos, profesionales etc. 

En el momento en el que me doy cuenta de lo que estamos haciendo, me siento incómoda, y más de una vez he tratado de redirigir la conversación hacia otro lugar. Intento a veces ponerme en la piel del criticado, y me pongo de alguna manera a defender a la persona o al grupo de personas objeto de las críticas. Las reacciones suelen empeorar la situación. Lo único que hago con mis «defensas», es alargar la conversación aún más, ya que en el momento en que discrepo de la opinión general, mis interlocutores se empeñan en defender su postura. 

«Siempre tienen razón», me dijo Berend Smit, autor de «Mi Libro. Vivir en tu situación deseada», con el que recientemente mantuve una conversación. Según el pensamiento de los autores, todo el mundo tiene razón, ya que cada uno de nosotros vive en «su mundo», que construye básicamente a través de sus pensamientos y afirmaciones. O sea, si veo y afirmo que nuestro país está lleno de ladrones, así será su mundo. 

«Pero eso es un hecho», me diréis más de uno de vosotros, «lo que es es». Y lo que está mal está mal, y merece ser criticado, ¿verdad?

Mis intentos de cambiar el discurso en las conversaciones están fracasando cuando intento intervenir en los mundos de los demás, ya sea mi pareja, amigos, familiares o compañeros. De hecho, generalmente podemos decir que empeñarnos en «cambiar» a los demás con sus actitudes y pensamientos, tiene un efecto rebote: es justo lo contrario lo que estamos consiguiendo con nuestras «intervenciones». De hecho, si yo creo que los demás están equivocados, en realidad hago lo mismo que lo que intento evitar: juzgo e insisto en llevar la razón. 

Sí, también me indignaban muchas cosas. Y es humano que nos indignemos. De hecho, la propuesta de Berend Smit es ir a otro nivel de consciencia. «Soy la Consciencia», dice y me propone que lo repita varias veces internamente. Desde la Consciencia, lo que es es. Sin juicio, sin drama, sin emociones negativas ni positivas. Es lo que es. Mirar «lo que es» desde ese punto, es como subir por un ascensor imaginario y mirar la situación desde ahí, desde este punto de observación. Ahora, la siguiente cuestión a responder ya no es lo que «está mal» o lo que «está bien», ni lo que debe hacerse, ni lo que no debe hacerse. La siguiente pregunta es «¿cómo deseas que sea tu situación ahora?». Con ello, lo convierto en mi propia decisión. ¿Quiero pelearme con la vida? 

Deseo armonía, deseo alegría, deseo amistad, amor, unión. Eso es lo que tengo ya si quiero. Porque con desearlo y poner la atención a lo que deseo, recibiré eso. Al final, recibimos lo que queremos. Y de una manera un tanto difícil de comprender desde nuestra visión humana: el final deseado ya está en nuestro AHORA. 

Bueno, aquí lo llevas. Y te digo esto: aunque creas que me equivoque, o que Berend se equivoque … – ¿Tú qué deseas?

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