Te has preguntado alguna vez “¿quién soy”, “qué he venido a hacer aquí?”

Yo me lo he preguntado infinidad de veces. Y sigo en ello. 😉

Desde joven quise escribir un libro sobre “Faustina”, aquella versión femenina de Fausto, un personaje que no cesó de estudiar todas las disciplinas que podía, pero no encontró la respuesta al sentido de la vida. Fausto se entregó a la magia. Embriagado por las pociones del diablo del submundo, Mephisto, se pierde de nuevo y de nuevo.

Faustina, en mi libro inédito, eligió otro camino. Ella sabía, o más bien, intuía que las respuestas no se encontraban en la ciencia, ni tampoco en la droga. Sabía que había algo más allá del pensamiento racional. Faustina buscaba unir su mente intelectual con la fuerza de su corazón que latía intensamente,  buscando el amor. Su concepto del amor no se reducía nunca al amor erótico con una pareja – ella sentía el amor al mundo. A los seres del mundo, a la tierra, a las montañas, los mares, los lagos y los bosques. A las casas donde vivían las personas. A la comida que cocinaban, a las plantas que cuidaban. A las obras que hacían con dedicación y amor. Obras de arte, libros, creaciones, inventos, música. Todo ese conjunto de creaciones y expresiones de la existencia humana y su convivencia con flora y fauna – todo eso era amor para Faustina.

¿Qué ha sido de Faustina?

La verdad es que no tenía ni idea cómo encontrar ese amor en los demás y en su entorno, pero se propuso hacer todo lo posible para  lograr realizar su visón del amor en la vida.

El camino fue largo, y Faustina tropezó infinidad de veces en su camino de búsqueda. Creía que podía salvar a los hombres que entraron en su vida con su amor que le daba, pero se le olvidaba de que todo amor empieza en uno mismo. Tuvo que aprender que por amor, a veces, hemos de decir que no, y que podía ocurrir que por amor abandonamos, por amor tomamos medidas estrictas cuando se trata de educar. El amor duele porque no podemos evitar que alguien salga herido. No podemos salvar a otros de sus propias heridas, por mucho que nos duela.

Faustina sigue caminando y buscando, y cada día deja atrás viejas creencias e ideales. Cada día intenta dar un pasito más hacia la creación de una vida en la que el respecto a si misma, el cuidado, la dignidad y la integridad personal son los pilares básicos de todas sus relaciones. Paso a paso irá aprendiendo a darle forma y expresión al amor que lleva y que todos llevamos dentro desde el origen de los tiempos.