Sobre la guerra interna y cómo conquistar la paz y la alegría

“Somos muchos”, solía decir mi maestro de formación. Se refería a los “personajes internos”. ¿Los conoces?

Te cuento un poco sobre esos “personajes”. Algunos de ellos seguro te sonarán, seguro que a alguno lo conoces tan bien que crees incluso que eres tú mismo. Pero no te engañes, amigo mío, tú no eres eso, es un aspecto de tí. Algunos personajes son muy visibles, y otros actúan desde el submundo.

“No hay que ser egoístas.” “Quisiera hacer muchas cosas – pero mis padres, mi pareja, mis hijos (…) me necesitan, así que no puedo, tengo que renunciar.”

El personaje del “deber” renuncia a la libertad, a la expresión de nuestras necesidades y nuestros deseos. A veces, o a menudo, ni siquiera permite que se asome una necesidad propia. Verdaderamente nos hace olvidar quiénes somos, hasta que una enfermedad o profunda tristeza nos visite.

La idea del “bien hacer” – nuestra “moral” y nuestra “conciencia” nos confunde a menudo.  De hecho, realmente nos nubla la vista como si una niebla invadiera nuestro cerebro. Las ideas, los ideales y las creencias tienen tal fuerza que ni siquiera podemos darnos cuenta de que sí tenemos elección.

Aquí va otro personaje …: “Mi vida es un agobio – entre el trabajo, la familia, hacienda y la economía mundial, no queda ni un solo hueco para disfrutar de la vida.” (…) El personaje “amargado” suele estar de mal humor y enfadado con casi todo lo que ocurre en su vida.

Mira durante un instante este discurso bajo la luz del “bien hacer”. Mira a esos dos, – el “deber” y el “amargado”. Tómate tiempo de mirarlos, imagínatelos como los personajes de una película. ¿Ves una relación?

Vamos a ver otro personaje que quizás te suene más: «Me estoy volviendo loco. Algo me pasa. Cada día tengo más miedo que algo grave va a pasar. A veces temo que me voy a morir, otras veces me entra pánico porque le puede pasar algo  a mis padres o a mis seres queridos. Cada vez se hace más fuerte ese miedo. A veces, incluso cuando no hay razón alguna de preocuparme, me entra una taquicardia y una sensación de ansiedad que no comprendo.”

Cuanto más te invade el personaje del miedo y la ansiedad, menos sabrás cómo manejarlo, y quizás incluso crees que no puedes hablar con nadie de eso. Por vergüenza o temer que te declaren loco directamente.

La aparición del personaje del miedo (y la ansiedad) lleva consigo el surgimiento de otros personajes, como por ejemplo “el juez”. No solo juzga por no cumplir con el deber, como lo hace el personaje del deber, sino también juzga cada señal de miedos e inseguridades.

Los síntomas del miedo, no obstante, son una llamada de nuestro alma avisándonos de que hay una discordia en nuestro interior. Visto desde los personajes, éstos no se llevan bien entre sí. La ansiedad se encarga de evitar la expresión real del alma: la tristeza, el enfado, la frustración …

El  personaje del miedo a veces da pequeños toques, como esa sensación interna de nerviosismo e intranquilidad. En algunos sabemos apagar su actividad interna durante un tiempo con el tabaco, el alcohol, el chocolate, el comer en general.

¿Te suena algo de esto?

Ahora, vuelve a ver las sensaciones de “ansiedad” y “nerviosismo” desde la visión del “deber”, del muy justificado y moralmente valorado “bien hacer”. Mira tu vida desde esa luz en la que, por mucho que quieras, no tienes apenas alegrías en la vida. Cada uno de esos personajes parece luchar por otro objetivo. Hay una verdadera guerra interna, y el malestar físico tiene la función de una llamada de atención.

¿Cómo podemos hacer las paces con nuestros personajes enfrentados? – Evocando el personaje empático.  Aprender la empatía hacia ti mismo, la auto-compasión, en definitiva: el amor propio.

El “empático” no juzga a ninguno de los personajes que aparecen en tu mente. Los observa con paciencia, como si fueran niños. Los deja estar, los mira con amor, respirando profundamente y escuchando con el corazón. Con ello, todos estos personajes tormentosos de tu mente pierden el protagonismo, y de esta manera se apacigua la guerra interna.

¿Crees que vale la pena escucharlo y respirarlo al menos por un instante de vez en cuando? Puede ser que al principio se necesita un acompañamiento, ya que es un proceso de aprendizaje, y no es fácil, por muy simple que parezca. Y como en cada proceso de aprendizaje, llegará el momento en el que se puede seguir aprendiendo sin ayuda.