¿Te hace feliz cuando aprendes algo nuevo? Esto debería ser siempre la clave y, sin duda, nos da la pista para encontrar el camino del éxito en el aprendizaje. El aprendizaje ocurre cuando disfrutamos de lo que hacemos. Por otra parte, cuando se asocian emociones negativas a lo que hacemos aprendemos a odiarlo, y nuestro cerebro intentará evitar y olvidar el tema.

Hay un gran número de estudios psicológicos y neurocientíficos que se han llevado a cabo sobre este asunto, pero no os hablaré de ciencia aquí. Quiero compartir mi vivencia personal, tanto como profesora y estudiante de por vida, como siendo madre de dos hijos casi adultos. 

Comenzando por mi propia experiencia, la verdad es que no podría decir que haya aprendido mucho en el instituto a pesar de que era bastante buena alumna. Desde que terminé mi bachillerato no he tratado nunca más con mates, física o química en mi vida, y ahora cuando hablo con mis hijos me doy cuenta de que no recuerdo nada. ¡Pero nada de nada! Tengo que decir que nunca me gustaban estas asignaturas. De hecho, aún recuerdo a mi profesor de química cómo me felicitó cínicamente el día de mi examen final de “selectividad” (Matura en Austria) con bastante buenas notas. Evidentemente no había elegido química para los exámenes finales sino asignaturas que me gustaban. Mi profesor de química era una persona bastante arrogante que solo enseñaba a los que entendían ese lenguaje surrealista de fórmulas y reacciones químicas. No hacía ni el más mínimo intento de hacernos entender. Por lo tanto, como no había saltado ninguna chispa en mí por esta asignatura, hice lo que la mayoría de los alumnos hacen: aprender  las cosas de memoria sin intentar entender nada. Así es como aprobé exámenes sin aprender ni una pizca. 

Al mirar a mis hijos me doy cuenta de que ellos aprenden de verdad cuando ven que adquirir conocimientos les hace sentir bien. Aún recuerdo cuando mi hijo mayor me explicó todo el sistema digestivo durante el almuerzo. Le pregunté si acababa de tener un examen de biología. Pero no, había pasado ya un tiempo desde que había estudiado este tema. Esto es lo que quiero señalar: ambos hijos míos disfrutan adquiriendo conocimientos simplemente por el hecho de saber cosas. No obstante, mi hijo mayor no es ese tipo de alumnos que se tiran horas sentado estudiando. De hecho, ahora en la universidad le cuesta la vida, por lo que no tiene los mejores resultados, especialmente cuando tiene que hacer ejercicios que le aburren. Ahora bien, si le interesa algo es capaz de pasar horas leyendo o viendo vídeos sobre el tema. Él tiende a “perder tiempo” estudiando todo menos lo que en realidad debería estudiar. Por eso tiene unos conocimientos amplios en geografía, historia y temas de sociedad en general, pero no tiene las mejores notas. Sus profesores dicen: podría dar más. Pero, ¿es eso a lo que debe aspirar? ¿Buenas notas?

Mi segundo hijo es un estudiante brillante, con notas más brillantes aún, aunque os digo también que con 7 años me venía llorando preguntándome “¿por qué tenemos que estudiar cosas que no nos interesan nada?” Hoy por hoy, su motivación para estudiar es, principalmente, obtener la máxima nota. Sin embargo, hay asignaturas y temáticas que le inspiran, y son esas a las que dedica horas editando y creando videos o escribiendo e ideando ensayos e historias. 

Una cosa está clara: como más aprendemos es disfrutando de lo que hacemos. En cuanto a mí, estoy convencida de que hubiera aprendido mucho en química, biología, historia, música y piano si hubiera tenido la posibilidad de crear mi propia manera de aprender y practicar. Los idiomas siempre han sido lo mío, pero es ahora cuando realmente comienzo a perfeccionarme, porque aprendo viendo películas y vídeos, enseñando, leyendo, escribiendo y charlando sobre temas interesantes. El piano lo toco desde los 15 años, pero es ahora cuando comienzo incluso a crear mi propia música, cantando mis propias canciones. 

Sí, aprender teoría y gramática también es importante. De hecho, la teoría te hace mejorar un montón. Y te prometo que disfrutarás estudiando en cuanto veas que tus esfuerzos no son inútiles sino te ayudan a conseguir tus metas, y eso te hace feliz.